Maltrato, Síndrome de Emergencia y Estrés

(Adaptado de Interacción Personal y Relaciones Humanas de Héctor Pauchard-Hafemann)

Todo maltrato genera reacciones que aparecen ligadas entre sí como un conjunto de síntomas tanto en el nivel orgánico como en el mental y denominado síndrome de emergencia, que tiene relación directa con el estrés o tensión. Sin duda que en la experiencia directa de cada cual maltrato y sufrimiento son como las dos caras de una misma medalla, compañeros inseparable en la vida del ser humano. La clara conciencia de esta relación lleva a que todo aquello que se supone provoca sufrimientos es objeto de acciones destinadas a erradicarlo (teoría de la acción operativa).

Los maltratos son en realidad situaciones y no, como se cree comúnmente, el resultado de un estímulo o simple acción directa sobre la persona del sujeto. Ahora bien, las situaciones son contextos de representaciones que tienen una significación que provoca efectos en el individuo. El maltrato incide normalmente en forma predominante en una de las tres áreas que constituyen la situación de maltrato (interna, externa y extrapersonal) y afecta en base al contexto total. El conocimiento de todo esto da posibilidades efectivas de enfrentar con éxito el síndrome de emergencia y el estrés.

 

 

CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL SÍNDROME DE EMERGENCIA .

 

Resulta evidente que el síndrome de emergencia está destinado a impedir el maltrato del momento e, incluso, a prevenir nuevas situaciones de maltrato. Dentro del mismo síndrome es posible distinguir una sintomatología general conjuntamente con sintomatología específicas.

 

 

SINTOMATOLOGÍA COGNITIVA.

 

En el proceso cognitivo de aquel que esté en situación de maltrato resalta la selectividad negativa, por la cual presta especial atención a aquello que plantee riesgos de que se produzcan situaciones de maltrato personal. La atención del sujeto se concentra en los elementos que más relación tienen con el maltrato correspondiente. Es decir, se configura una disposición cognitiva concentrada en todo aquello que se caracteriza como malo, con el agravante de que normalmente el ser humano tiende a igualar elementos que están relacionados entre sí, con el consiguiente pensamiento por analogía en que se consideran iguales a premisas que no lo son. Basta en consecuencia el menor indicio para que el sujeto considere todo aquello como malo. Además de que lo amplifica a la manera de usar una especie de lupa para todo aquello susceptible de ser considerado negativo. Esta selectividad negativa del proceso cognitivo tiende a presentarse por áreas puesto que el maltrato ocurre en determinadas contextos.

El área en que más frecuentemente se presenta este fenómeno y con mayores dimensiones es en general el área social e igualmente, en el de los entes sobrenaturales (espíritus, dioses, etc., puesto que están pensados a imagen y semejanza del Homo sapiens). En otras palabras, el sujeto queda en una condición de sospecha duradera que permite explicar muchos miedos y actitudes suspicaces y desconfiadas. Explica igualmente los muertos en circunstancias tales como toques de queda en que todo podría ser peligroso.

En este estado lo positivo aparentemente no es tomado en cuenta. Aunque es posible que, por un fenómeno de contraste, aquello que resulte positivo sea también magnificado. Es decir, se usa también una lente de aumento en especial con quienes o aquello que signifiquen un resguardo o ayuda efectiva.

Distintos factores variables influyen en el fenómeno de la selectividad negativa contribuyendo a estructurar la dimensión que ésta alcance: la información proporcionada por otros que puede constituirse en una suerte de ≥maderos que alimentan la hoguera"; procesos de aprendizaje (fuerzas armadas, insurgentes, etc.). Asimismo, la ambigüedad y toda información que resulte poco clara o difícil de integrar, facilita enormemente el desarrollo de la selectividad negativa. Un ejemplo con graves consecuencias sociales lo encontramos en la trasgresión al estado de derecho por gobiernos de facto en que no se sabe en circunstancias particulares, que intenciones y actuaciones específicas tendrán los que mantienen el poder.

La selectividad negativa tiene otras consecuencias. Muy importante es el resultado paradojal por el cual el sujeto realimenta su síndrome de emergencia. En efecto, al prestar tanta atención a lo que es malo o al magnificar elementos negativos, el individuo vive un maltrato potencial, con el correspondiente síndrome de emergencia. El riesgo entonces es que el sujeto entre en un desarrollo en espiral del síndrome de emergencia, que puede llevar al paroxismo del pánico y que explicaría muchos asesinatos.

Igualmente, las deficiencias de la atención son típicas en el síndrome de emergencia. Porque posiblemente debido a la selectividad negativa, que lleva a concentrarse en determinado tipo de información, el sujeto presenta fallas en su atención o capacidad de concentración. El pensamiento de individuos en estos estados transcurre en general con dificultad para todo aquello que sea distinto a su problemática inmediata. Como consecuencia, la memoria es afectada y en general todo tipo de trabajo mental de cierto nivel. Sencillas operaciones aritméticas se realizan con errores que aparecen como increíbles. Este fenómeno alcanza su expresión máxima en el bloqueo mental, que se puede constatar en momentos en que la persona se encuentra en situaciones de mucho riesgo. Muchas de las llamadas inhibiciones intelectuales son producto de síndromes de emergencia persistentes y derivadas de las alteraciones cognitivas.

En el proceso cognitivo del afectado por maltrato encontramos una convicción de impotencia o incapacidad (duda en sus propios recursos). Esta convicción varía en distintos grados conforme a una cantidad de factores que pueden intervenir.

Aprehensión e inseguridad son su resultado inmediata. De persistir los sentimientos de incapacidad y siempre que alcancen un cierto nivel, erosionan la evaluación social personal del individuo (que algunos describen como autoestima). Se explican así frecuentes reacciones de perseguidos políticos en régimenes autoritarios.

En el síndrome de emergencia está en primer plano del proceso cognitivo, la propia persona y su seguridad e integridad. Ello da lugar a la denominado selectividad egocéntrica. Se atiende en consecuencia en forma especial al propio bienestar y seguridad despreocupándose del de los otros. Si en estos casos encontramos interés en otras personas, un análisis somero nos lleva a descubrir que es el resultado de un interés egoísta en el otro.

 

SINTOMATOLOGÍA AFECTIVA.

 

El estado afectivo de una persona resulta ser un continuo permanente que cambia de acuerdo a una serie de circunstancias. Los afectos o emociones que lo constituyen se dividen en positivos y negativos. Los estados afectivos negativos son el efecto directo de situaciones de maltrato personal. En todos ellos se presenta una clara sensación de malestar, que puede llegar a sufrimientos intensos, acompañada de humor negativo e incapacidad de goce que facilita el camino hacia el alcohol y las drogas.

En todo caso, afectos y emociones son subsecuentes a procesos cognitivos. Los estados afectivos de tipo negativo resultan fundamentalmente de la evaluación de los propios recursos que el sujeto hace frente a situaciones de maltrato personal. Y en el caso del miedo depende de la incógnita, que se va a despejar en el momento en que ocurra la experiencia misma (el balance entre los propios recursos y la fuerza y dimensión de la situación). Un lugar destacado entre los afectos derivados de situaciones de maltrato ocupa la rabia y sus distintas variantes en un amplio gradiente: desde apenas perceptibles estados de mal humor hasta violentas expresiones de cólera (la agresión en general). Estas acciones efectivas o potenciales son una clara expresión de los sentimientos de impotencia que se vive en las respectivas situaciones de maltrato. El sujeto no vislumbra sino la violencia como medio para enfrentar la situación debido a la convicción de no disponer de otros recursos.

El llanto y sus distintas variedades y equivalentes implican un estado afectivo característico que no se diferencia en absoluto del llanto que se presenta como reacción innata en los seres humanos. Aparece, por lo común, como respuesta a situaciones de maltrato, en que el individuo tiene el convencimiento de su propia impotencia o incapacidad, y en una u otra forma espera la intervención de otras personas. Por lo demás, el llanto es reconocido entre humanos como petición de ayuda.

Los variados estados de desánimo, incluyendo a la depresión, es otro tipo de afectos que se presentan en la persona sometidas a maltrato. El desánimo está ligado íntimamente a la certeza de impotencia total y ninguna esperanza de que otros vayan a ayudarla. Así se explica la inmovilidad ante situaciones que se visualizan sin salida y de frecuente ocurrencia en perseguidos políticos durante gobiernos de dictadura o presos sometidos a torturas.

El miedo y el temor se presentan en situaciones de maltrato a futuro o potencial y se extienden desde la simple inquietud hasta estados de pánico paroxístico. La falta de seguridad respecto a cómo se darán los hechos en el futuro próximo hace posible la irrupción de otros afectos influidos especialmente por la selectividad negativa del proceso cognitivo. Este tipo de experiencias son típicas no sólo en los perseguidos políticos en régimenes de fuerza, sino que también en todos los que en alguna forma más o menos abierta están en oposición a él, ya que nunca se sabe cuando se concretará lo que se teme.

 

 

ACTIVIDAD.

 

En el síndrome de emergencia la actividad presenta características variadas. En efecto, puede estar muy aumentada o muy disminuida: agitación que lleva de un lado a otro o reducción de la actividad con lentitud de movimientos.

El examen de actividades simples nos muestra, en las personas en emergencia, descoordinación variada que puede alcanzar grados de torpeza notorios. Los accidentes son frecuentes en estos casos. Por otra parte, quienes están en emergencia muestran una de dos disposiciones: la de ataque o la de fuga. En la disposición de ataque se presentan desde actuaciones violentas en un extremo, hasta agresiones friamente calculadas, pasando por una amplia gama de procedimientos a fin de perjudicar a aquellos que le interesa maltratar (la crítica frecuente e indiscriminada, la virulencia en la expresión, actitudes que se califican de poco positivas, etc.). Las acciones de tipo positivo desaparecen y con ellas, la colaboración que es indispensable en el trabajo de equipos y de grupos en general. Cuando son varios los que en un grupo están en emergencia, irrumpe la crisis en los grupos. Este es el cuadro que presentan las sociedades en que se dan luchas políticas extremas.

La fuga y sus distintas variantes es la otra disposición de acción en este síndrome. Ella se produce cuando la información que maneja el sujeto le indica que corre demasiados riesgos si intenta enfrentar lo peligroso o malo (no defender los propios derechos, timidez, cobardía, deslealtad, etc.). Con frecuencia el observador externo constata inseguridad y vacilación de quien está en emergencia o actitudes aprehensivas o suspicaces. Los estados de pánico son una expresión extrema de los fenómenos en cuestión. Igualmente, aquellos que están en situación de maltrato son más proclives a la droga y el alcohol. Porque el alcohol y las drogas suprimen el malestar característico que es consubstancial a este síndrome, conjuntamente con la disminuida capacidad de goce.

Resalta también en este síndrome la preocupación por la propia persona y su seguridad, egoísmo al cual ya nos hemos referido. Sucede con cierta frecuencia que estas personas tratan de apegarse a quienes suponen como posibles protectores o proveedores de seguridad y ayuda. Presenciamos entonces desde el servilismo hasta la admiración que resulta incomprensible para el profano.

 

 

VARIEDADES DEL SÍNDROME DE EMERGENCIA.

 

Dentro del síndrome de emergencia se distinguen 4 variedades de acuerdo al grado del sentimiento de impotencia o incapacidad. Este deriva de la evaluación que el sujeto hace de sus recursos frente a la situación de maltrato, según se ha señalado.

 

SÍNDROME DE EMERGENCIA CON HOSTILIDADES.

 

En estos estados la persona presenta sentimientos de impotencia que son relativos, en la medida en que pareciera confiar en posibles acciones hostiles para impedir maltrato futuro o compensar el que ha recibido.

Se destacan en él algunos fenómenos. En el proceso cognitivo encontramos una amplia prospección de alternativas de hostilidad, considerando técnicas, medios e instrumentos y las circunstancias o elementos que las hagan más factibles y eficientes. Lo que eventualmente lleva a acciones drásticas, incluyendo los ataques a golpes, la violencia en general y el asesinato.

Los distintos sentimientos y emociones relacionados con la rabia y la cólera son característicos: desde enojos intrascendentes a explosiones de cólera.

La disposición de ataque es predominante en esta variedad y se concreta en distintas acciones hostiles extraordinariamente variadas (físicas, verbales o mágicas): estallidos de violencia, críticas, virulencia, calumnias, información restringida, intrigas varias, etc., etc.

En estos estados el individuo puede presentar inquietud y movilidad acentuadas.

 

SÍNDROME DE EMERGENCIA CON LLANTO.

 

Aquí el afectado tiene la convicción de no tener recursos personales, ni posibilidades de acciones hostiles para enfrentar las situaciones de maltrato. En esas condiciones el llanto se convierte en el instrumento de elección, que por lo demás es una réplica de lo que sucede al ser humano desde el momento de nacer al depender enteramente de la protección y ayuda de aquellos que tienen los recursos de los que él carece. El llanto y distintas expresiones de él son su característica distintiva.

El sujeto no espera de sus recursos personales y supone que la ayuda vendrá gracias a los sentimientos de compasión y a la caridad de ciertas personas.

Se encuentran aquí distintos grados de sentimientos de desesperación, que son los que acompañan al llanto normalmente. La movilidad aparece frecuentemente disminuida, conjuntamente con una tendencia al aislamiento.

 

SÍNDROME DE EMERGENCIA CON DESANIMO.

 

En éste se presenta un sentimiento de impotencia que es total, porque la persona cree no tener posibilidad de defenderse el mismo de la situación de maltrato y que no hay personas que estén dispuestas a ayudarla. Así, no encontramos en ellos objetivos que los orienten ni el examen de posibles alternativas de acción. Conjuntamente, la selectividad negativa del proceso cognitivo es muy intensa, y todo aparece en la mente del individuo con perspectivas muy sombrías.

Frecuentemente se presenta fuerte disminución de la evaluación social personal del sujeto (baja autoestima?), con la consiguiente expectativa de maltrato dentro de toda el área social. El egocentrismo en estos casos alcanza asimismo un gran desarrollo.

Las personas en este caso muestran un humor sombrío y desánimo notorios que aumenta con la dimensión de la situación de maltrato, culminando en las depresiones graves.

La actividad está muy disminuida. La disposición de acción es en general derrotista y sin esperanzas, sin que aparezcan muchas veces las más elementales actuaciones defensivas. Frecuentemente constatamos un abandono total, un ≥entregarse a su suerte", como ocurre con cierta frecuencia en perseguidos políticos. Hay lentitud en los movimientos e, incluso, una inmovilidad prácticamente total. El individuo demora o no desarrolla sus actividades habituales

En algunos hay pérdida del apetito con la consiguiente disminución de la ingesta alimenticia.

 

SÍNDROME DE EMERGENCIA POR MALTRATO POTENCIAL.

 

En este tipo la persona se encuentra en espera de una situación de maltrato y vislumbra su ocurrencia en un futuro inmediato o relativamente próximo. Es decir, depende de la información de que disponga respecto a un futuro que se le presenta relativamente incierto (amenazas, suposiciones, prevenciones, etc). Es mucho más frecuente que los otros tipos de emergencia. El miedo y sus distintas variedades, desde simples inquietudes hasta el terror y el pánico, son característicos en esta variedad.

La persona está concentrada en la posible situación de maltrato, con fuertes dificultades para prestar atención a otros elementos dentro de su proceso cognitivo. Vive una situación de ambigüedad al no tener elementos que permitan precisar la forma en que ocurrirán los respectivos hechos. Concretándose estos, termina la ambigüedad dando paso a las variedades de emergencia anteriormente descritas. El sentimiento de impotencia de la persona sometida a estas situaciones varía conforme a como ella se precise.

Distintas variedades del miedo son aquí características, en una amplia gradiente que van desde ligeras inquietudes hasta el terror o pánico extremos. Además se producen otros afectos entremezclados con los anteriores, conforme a como visualice el sujeto la situación que teme y a la evaluación de sus recursos o grado de incapacidad para enfrentarla.

En estas emergencias potenciales la persona presenta una disposición de acción hacia la fuga o hacia el ataque. O puede oscilar entre ambas. Son frecuentes las expresiones de abierto mal humor, virulencia en la expresión verbal, violencia en los gestos, etc.. Igualmente, la actitud a la defensiva y la cautela. La disposición de fuga puede concretarse en huida y pánico. También es evidente la inseguridad. La movilidad en estos casos se relaciona directamente con las anteriores.

En ciertas circunstancia, es posible encontrar expresiones destinadas a mostrar fuerza y poder de ataque que a veces sólo queda a nivel de expresiones verbales o gestuales.

De todos modos, es necesario dejar en claro que a menudo las situaciones de maltrato se entremezclan, lo que lleva al individuo a vivir simultáneamente dos o más modalidades de emergencia.

 

SÍNDROME DE EMERGENCIA Y "STRESS".

 

El síndrome de emergencia, aparece relacionado con lo descrito por Hans Selye como síndrome general de adaptación y tensión (stress). Éste ha sido estudiado en sus procesos orgánicos y de manera deficiente en los supraorgánicos, tales como acción y proceso cognitivo. Además de que el concepto de tensión (stress), como lo reconocen los autores que tratan el tema, es demasiado amplio. De todas formas, lo que se describe como "mal stress" resulta, en general, coincidente con el concepto de situaciones de maltrato.

La observación y la experiencia clínica indican que siempre se acompañan de tensón o estrés las emergencias con hostilidades, con llanto y con maltrato potencial.

Importa destacar que la tensión está en la base de muchas enfermedades orgánicas y mentales. Es así que las situaciones de maltrato llevan indefectiblemente a perturbaciones orgánicas variadas y a todo el rango de las llamadas enfermedades psicosomáticas, conjuntamente con múltiple sintomalogía mental.

 

COMENTARIO.

 

Evidentemente, el conocimiento de estos fenómenos permite enfrentar las situaciones de maltrato de manera que resulta posible disminuir o prevenir sus consecuencias.

Así, en el caso de las alteraciones cognitivas, la persona puede zafarse del círculo vicioso ya descrito recordando que está en una condición tal que su mente capta mal la realidad y que es posible que esté luchando con fantasmas. Lo que es decisivo en el caso de conflictos y situaciones de relaciones humanas perturbadas. Porque el tomar conciencia de lo que efectivamente ocurre en el propio interior de la persona permite controlar acciones y, específicamente, acciones que irían a contribuir a intensificar la problemática.

O, el tener claro que los sentimientos de incapacidad son poco realistas y sólo producto del síndrome, permitirá a la persona el emprender acciones que de otra manera no realizaría con todas las consecuencias negativas que ello implica.

O, evitar accionar o tomar decisiones cuando se está en emergencia puede precisamente evitar consecuencia eventualmente muy negativas para la persona. Acciones o decisiones que serán más adecuadas si se desarrollan con la mente fría (que no es el caso de quién está en emergencia).

Y así, sucesivamente.

Y por último, consultores y psicoterapeutas que estén bien informados de este síndrome disponen de un instrumento que le permitirá comprender muchas problemáticas y, por lo mismo, ayudar u orientar a la persona a sobreponerse o manejarse mejor en las situaciones de maltrato de que se trate.